El cautiverio Parte I

El pasado 4 de julio se conmemoró el Día Mundial de los Delfines en Cautiverio, cuyo objetivo primordial es hacer conciencia y acabar con la retención de los delfines que se encuentran en esa situación, así como el cierre de todos los delfinarios que actualmente existen en distintos países de todo el mundo.

Con la inteligencia de los delfines y sus habilidades únicas, tampoco sorprende el hecho de que sean utilizados como objeto de estudio por aquellos que buscan descubrir los misterios de la inteligencia y la comunicación, pero hay un lado oscuro en el cautiverio de delfines. Debido a los métodos utilizados para la captura de delfines salvajes, las poblaciones pueden sufrir daños, llegando a ser en ocasiones daños irreparables.

Una de las peores tragedias que sufren los delfines es la forma en que son capturados. La mayoría de los cazadores de delfines buscan las manadas más pobladas. Para su captura utilizan helicópteros y explosivos en áreas donde un barco pueda capturar uno o más delfines en sus redes. Durante un tiempo, en los años 60, los cazadores de cetáceos fueron capturando a muchos individuos de la misma manada, dando lugar a la posibilidad de extinción de toda la familia. Hoy en día se prohíbe hacer esto.

 

De cualquier forma, la captura es difícil para cualquier delfín, son sacados del mar y alejados de su familia, puestos fuera del agua que protege sus cuerpos y dificultándoles la respiración. Cuando un delfín es capturado su piel debe ser frotada con una loción y rociada con agua para que no se seque, luego es transportado durante horas, sin poder moverse en un tanque lleno de agua clorada, en lugar del agua de mar al que están acostumbrados. Lo notable es que suelen sobrevivir a ello.

 

 

Alrededor de cinco mil delfines y otros cetáceos han quedado atrapados con fines de exhibición, investigación o de uso militar durante las últimas tres décadas. Después de algunos abusos que causaron la muerte de varios delfines, el gobierno de Estados Unidos y Canadá tienen ahora un estricto control sobre quién puede capturar y poseer un delfín. Alrededor de las tres cuartas partes de los delfines capturados son hembras y la mayoría de ellos en general no han madurado aún.

 

Aunque las leyes relativas a los delfinarios en Estados Unidos y Europa son muy estrictas y detalladas, en muchos países las regulaciones han permitido el uso de tanques sucios e inadecuados, delfines enfermos, muertes y sufrimiento en cetáceos individualmente.

A nivel internacional Chipre, Eslovenia, Croacia, Costa Rica, Chile e India han prohibido el cautiverio de cetáceos. La mayoría de estos países también prohíben su importación y exportación. Algunos estados de Australia y de Estados Unidos (a excepción de South Carolina) también han prohibido los delfinarios. Suiza ha prohibido la importación de cetáceos y la creación nuevos delfinarios. A finales de 2013 se trasladaron los últimos dos delfines que tenían, en Conny Land, así que ya no hay ni volverá a haber cetáceos en cautividad.

Por otra parte, algunos países establecen unos estándares tan estrictos en cuanto a las condiciones que deben cumplir los delfinarios, que resultan demasiado difíciles de conseguir. Debido a estas leyes, no existen tampoco delfinarios en Brasil, Reino Unido, Noruega y Polonia. Otros países no disponen de legislación al respecto pero han denegado permisos de construcción de delfinarios como Islandia o Austria. Lamentablemente, otros países disponen de requisitos que son demasiado permisivos (Finlandia o Bélgica) o que no se cumplen (Estados Unidos e Italia).

Aunque la mayoría viven en delfinarios y parques acuáticos, también hay delfines en centros comerciales, discotecas, hoteles e incluso algunos ejércitos los utilizan. Los países con mayor número de delfinarios son Japón, China, Estados Unidos, México, Rusia, Ucrania y España.

Se estima que actualmente hay, en 60 países del mundo, unos dos mil cetáceos mantenidos en cautiverio; principalmente Delphinidae (delfines – como los nariz de botella- y orcas) aunque también Phocoenidae (marsopas) y Monodontidae (como las belugas).

A pesar de que parecen adaptarse bien al cautiverio, en realidad tienen una esperanza de vida media mucho más corta que los delfines en su hábitat natural, por ello, esta historia continuará…

 

 

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